El Gato Silvestre |
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“No nos juzguemos mas unos a otros”. Romanos 14:13 El gato Silvestre corría locamente por la cocina detrás de una pelota de pimpón. La pelotita reboto en la pared y paso junto al gato. Este trato de agarrarla, pero sus patas se resbalaron en el suelo encerado y cayó cuan largo era. Se paró de un brinco y corrió tras la pelota que había desaparecido por debajo de la puerta de la alacena de las escobas. Silvestre se acostó al frente de la puerta y se puso a mirar por el espacio que la separaba del suelo. Luego metió una pata y paso varios minutos tratando de alcanzar su juguete con las garras, pero sin conseguirlo. Finalmente se dio por vencido. Aunque silvestre era buen cazador de ratones y podía maniobrar adecuadamente en el patio mientras corría a toda velocidad, y aunque podía trepar rápidamente los arboles, los suaves cojines de sus patas no conseguían afirmarse en el piso encerado resbaladizo de la cocina. Tampoco las garras de un gato pueden agarrar con firmeza los objetos redondos y lisos, como la pelota de pimpón. Pero eso no le impidió seguir tratando de agarrarla. Disfrutaba con el desafío de agarrar la pelotita que rebotaba en el piso de la cocina. Lo mismo que Silvestre, todos tenemos habilidades. Pero así como sucedía con el gato que con sus patas provistas de suaves cojines y afiladas garras podía cazar fácilmente ratones pero no atrapar una pelota de pimpón, los mismos talentos que nos permiten actuar bien en una cosa pueden incapacitarnos para hacer adecuadamente otras. Si alguien no consigue hacer bien una cosa que para ti resulta fácil, piensa antes de criticarlo. Lo mismo que está causando el problema puede ser un talento que después le permitirá destacarse en cosas que tú no puedes hacer. Corrine Vanderwerff |





